SOLTAR!


mudanza1¿Por qué para algunas personas es tan difícil cambiar de vivienda?

Lógicamente, hay multitud de condicionantes económicos, familiares, sociales e incluso políticos que condicionan la respuesta a una pregunta tan amplia. No obstante, lanzo esta pregunta a modo de reflexión en el ámbito energético de nuestra relación con el espacio, esa segunda piel en la que habitamos.

Todos hemos percibido viviendas que tienden hacia una personalidad introspectiva, lenta, triste, fría, es ese tipo de lugares al que pocas veces llegan visitas.

Otras viviendas, en cambio,  transmiten urgencia, estrés, aceleramiento, seguramente será difícil mantener una conversación sosegada en ese lugar.

Otros espacios combinan rasgos de las dos anteriores, lo que le confiere sensación (y en ocasiones realidad objetiva) de caos.

Cuando un espacio vibra de manera permanente con característica poco equilibradas (como las descritas en los ejemplos anteriores), su personalidad tiene que ver con factores naturales o artificiales muy predominantes de su emplazamiento; la vivienda puede estar situada sobre una fisura geológica, por su subsuelo pasan vías de agua, en las proximidades hay instalaciones tecnológicas altamente impactante (torres y transformadores eléctricos, antenas de telefonía móvil…), son sólo algunos ejemplos.

Por otro lado, los habitantes de un espacio transfieren a su segunda piel, en este caso su vivienda, su personalidad y sus estados emocionalmente vivenciados de su pasado o de su cotidianidad, ya sean positivos o negativos.

El espacio, a su vez, pulsa de manera constante una vibración determinada según su propia personalidad.

Este intercambio energético, interactúa y afecta sobre las personas que allí viven,   el grado de afectación de lo que podríamos llamar pulsiones tóxicas, dependerá del grado de equilibrio interno de cada uno.

En casos extremos, cuando las vibraciones que confluyen en un lugar son de alta intensidad y toxicidad, devienen en patologías para el espacio y en enfermedad para sus habitantes.

En otros casos no tan extremos pero sí obstinados, las personas que los habitan tienden a estancarse, no avanzar, a convivir con grandes dosis de frustración, es como si estuvieran detenidos en el tiempo, prisioneros de sus propias frustraciones, miedos o dejadez.

Seguramente, todos hemos conocido alguna persona, incluso familias enteras, de las que emana una personalidad desvitalizada, incluso enferma. Si pudiéramos hacer un estudio energético de su casa, seguramente constataríamos que hay cierto mimetismo entre la personalidad de la vivienda y la de sus habitantes.

Aunque desde el Feng Shui y la Medicina del Hábitat podemos actuar para mejorar el estado energético de un lugar, hay que asumir, que en ocasiones las personas que habitan esos espacios deberían dar un paso hacia adelante y Soltar!

Pocas veces me encuentro con personas que asumen el riesgo de soltar!, dejar su vivienda, mudarse a un espacio nuevo.

Es habitual que después de una larga convivencia con un espacio como los descritos, sus habitantes generan una dependencia psicoemocional difícil de romper y es, justamente esa dependencia, la que se necesita SOLTAR para evolucionar hacia un estado más saludable y vital.

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