Solsticio, alumbrando nuestros tesoros.


Llevamos semanas inmersos en la etapa energética más Yin de todo el calendario de Feng Shui, es la que los antiguos maestros Taoístas, con su profunda observación de la naturaleza denominaron: AGUA. Es el ciclo natural de la vida. Los espacios se retraen en sí mismos y sus habitantes tienden a la introspección y exploración profunda de su humanidad.

Este proceso de introspección lleva, casi siempre, a la búsqueda de refugio en nuestra luz más íntima, y casi siempre también, al reencuentro con nuestros tesoros más valiosos; sentimientos de amor, compromiso, solidaridad, vocación, valor, amistad, alegría, paz, armonía…

Fuera del hogar, la energía parece estar callada, dormida… en las diferentes tradiciones, se aprovecha esta etapa, justo antes del solsticio, para compensar la oscuridad que nos rodea con iluminación extra en el hogar; guirnaldas de luz y color, velas, ramos de naturaleza, bolas de colores…

Los ciclos vienen a anunciarnos diferentes aspectos de la vida, en ésta, con el solsticio de invierno (en el hemisferio Norte) celebramos nuevamente el nacimiento de la Luz.

El sol comienza a iluminar más horas del día, la noche se acorta poco a poco, es el punto de inflexión para adentrarse en el siguiente ciclo, ciclo de renovación y apertura, aunque éste tardará todavía un poco en mostrarse, hemos de caminar una etapa de transición antes de alcanzar el despliegue primaveral.

Muchas tradiciones festejamos coincidiendo con el solsticio, y como si de un proceso alquímico se tratase, lo celebramos compartiendo los tesoros hallados durante el proceso de introspección: nuestra humanidad!

 

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