Los últimos meses fueron especialmente intensos, se movió mucha energía, los elementos de la naturaleza rugieron… los humanos también.

La naturaleza tiene sus propios mecanismos de regulación, transita por ciclos cortos y largos que la hacen previsible dentro de su potente imprevisibilidad.

Si la observamos desde esta latitud en la que escribo (el Mediterráneo), la naturaleza empieza a despojarse del manto externo, a economizar energía; en los próximos meses se replegará hacia el interior de la Tierra.

Así como la naturaleza se apacigua (aunque en estos momentos no conozcamos demasiado acerca de su propia evolución), la humanidad enfrenta un gran reto, apaciguar la cantidad de energía movilizada… si observamos el ciclo estacional, parece que todo debiera iniciar la desaceleración.

¿Seremos capaces de mantener la serenidad, frente a los movimientos energéticos locales o globales, que como grandes embestidas, nos empujan a una danza interna caótica e imprevisible?

Me propongo ACTIVAR este MANTRA en mi movimiento cotidiano :

Belleza en el alimento, elegancia en el movimiento, dulzura en la palabra

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