Hace ya unos cuantos años tuve la suerte de asistir a una conferencia en un entorno de naturaleza, impartida por una anciana con aspecto e indumentaria indígena que me cautivó desde el minuto uno, me enganchó con su mirada, su palabra y sus faldas y flores coloridas, aún hoy, esas flores revolotean en mi imaginario. Hablaba con tanta naturalidad, frescura y autoridad de temas que en aquel momento, hoy también, eran tan primordiales para mí, que me dejó fascinada; hablaba de la naturaleza, la humanidad, los ciclos, los elementos, lo femenino, lo masculino, la energía, lo divino, el amor…creo que es la ecologista más comprometida, la feminista más implicada y la humanista más sabia y todo ello sin serlo… que! emoción sentí esa primera vez que la escuché: ella es la Abuela Margarita.

La Abuela Margarita fue educadora, pionera de su comunidad, pertenece al Consejo de Ancianos Indígena y ha viajado por el mundo entero impartiendo su conocimiento. Pude escucharla durante varios años, cuando regresaba a Europa desde su México natal o de alguna de sus múltiples giras por el continente americano, Barcelona siempre la esperaba.

Años más tarde, una amiga me presento a otra amiga que “casualmente” conocía muy de cerca a esta anciana, era su asistente en España, mi querida Rita: la vida te pone delante lo que necesitas, en el momento que lo necesitas. Ahí empezó un tiempito (como dice mi venerada abuela), en el que inspirados por su ritos y ceremonias y alrededor de nuestra querida Rita, construimos una pequeña comunidad. Nos encontrábamos en las lunas llenas y alguna que otra celebración, compartíamos comida, conversación, risas, escucha activa, empatía, no sé muy bien por qué, pero todo fluía. Un día nos dijo Rita que volvía la Abuela Margarita a España con la intención de gravar un disco, iba a grabar las canciones que tradicionalmente se cantaba, porque ella se cantaba a sí misma, este disco lo canto con Amparo Sánnchez.

Fueron días emocionantes, pude compartir más de cerca con la Abuela Margarita gracias a Rita, esa mujer que lo hizo posible. Llegó el día del estreno, allí estábamos la pequeña comunidad de encuentros lunares, en primera fila, emocionados y felices. Pero a veces ocurre, no siempre, pera esta vez ocurrió, que sin saber cómo, el tiempo derrite los espacios, y los encuentros de nuestra comunidad se fueron aletargando, finalmente dejamos de celebrar, y esa pequeña comunidad quedó, ya sólo, en el recuerdo de nuestros corazones.

Hace unas semanas llego a mí la noticia, sin buscarla, por casualidad, Rita ya no estaba con nosotros. Me quedó pendiente un encuentro, ella estaba escribiendo algo muy valioso para su entorno, me mostro una parte y nos emplazamos a revisar el resto en una segunda visita que yo le haría, pasó mucho tiempo, tanto que dio tiempo a que el camino hacia su casa desapareciera entre las zarzas… y sin buscar información, de repente, apareció la noticia, me colapsé… Ella ya no estaba.

La lloré una noche en soledad, sin la pequeña comunidad, sentí la tristeza de su ausencia, pero la vida continuó, continuó… hasta ayer. Ayer noche, con pocas semanas de diferencia, nuevamente y sin buscar información, apareció frente a mí otra noticia: la Abuela Margarita acababa de partir, su muerte chocó de golpe en el centro de mi pecho, no pude contener el llanto durante mucho rato, había tristeza, pero también muchas otras luces que ahora voy enfocando…con pocas semanas de diferencia se cerró el círculo.

No siento únicamente el dolor de su partida, siento también la partida definitiva de un tiempo vivido, un tiempo compartido, un tiempo que forma parte de mi construcción actual, no son recuerdos, es vida vivida que parte con el recuerdo del que se va.

Siento que durante el tiempo que compartimos nuestra pequeña comunidad, se creó un espacio de respeto, aceptación y fraternidad, que bien podría ser precursor de mundos  venideros.

Retomar aquella vivencia de encuentros y comunidad, en estos momentos de aislamiento pandémico, le da más sentido a la vida, estas mujeres, aunque acaban de machar, han vuelto a mi vida con más fuerza que nunca, poniendo luz a esta oscura y forzada realidad actual.

Tuve la gran suerte de conocer a estas dos mujeres extraordinarias, cada una ejerciendo y compartiendo aquello que mejor sabían hacer, con entrega y gran amor. Este relato es mi ceremonia para celebrarlas, forma parte de la luz revelada. ¡Buen viaje Rita!, ¡Buen viaje Abuela Margarita!

Gracias, gracias, gracias.

25,26 de enero 2021